La detención y las evidencias en contra del exfiscal general del Estado (FGE), Mariaca, han eclipsado el hecho de que cada 10 de octubre, desde 1982, recordamos el alejamiento de los gobiernos militares, la reconquista del sistema democrático y la convivencia civilizada. La democracia se identifica con una determinada forma de entender la legitimación y el ejercicio del poder político. Esta forma de gobierno conjuga la soberanía popular y el pluralismo político con las libertades individuales y colectivas, el imperio de la ley y la división de poderes. Sin embargo, este sistema político no se reduce solo a la legitimidad de origen, sino que también requiere la legitimación de ejercicio. La democracia es, asimismo, una respuesta a la pregunta de cómo se gobierna, y no solo de quién gobierna. En los Estados socialistas o comunistas también hay elecciones periódicas, pero eso no los convierte en democráticos.
El estado de excepción ha postergado el
necesario debate sobre la reforma constitucional, la ley de hidrocarburos, la
minería, las inversiones, la seguridad ciudadana y jurídica, los cambios
judiciales, etc. Como ningún partido político tiene mayoría absoluta, Rodrigo
Paz tiene que ser consciente de esta realidad y convocar a los líderes de las
fuerzas políticas para cerrar un gran acuerdo nacional que permita frenar la
ola de violencia en algunos lugares, garantizar la gobernabilidad y asegurar la
estabilidad económica y política. Un sistema democrático no se entiende sin
acuerdos políticos, implícitos o explícitos. Rodrigo Paz lleva más de 20 años
en la función pública y conoce las potencialidades de estos acuerdos.
A propósito del sistema democrático, entre
1985 y 2003, tres partidos políticos dominaban el escenario nacional: el
Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), Acción Democrática Nacionalista
(ADN) y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). En el MNR, Hernán
Siles Zuazo acababa de renunciar a la presidencia y Víctor Paz Estenssoro se
aprestaba a iniciar su último mandato presidencial. ADN tenía fecha de
vencimiento (2001). En el MIR, Jaime Paz Zamora consolidaba su liderazgo hasta
la extinción del partido en 2005.
El terrible trauma de la inestabilidad
política y la debilidad del gobierno de Hernán Siles marcó una premisa de oro:
la gobernabilidad debía partir de la mayoría, lo que hizo girar el punto de
apoyo de los partidos. La lucha política saltó a los medios de comunicación y
se volvió mucho más mediática y menos callejera. Era el inicio de la industria
electoral, con las encuestas, las campañas multimedia y los programas
elaborados en gabinetes sobre la base de cifras macroeconómicas, en medio de
abstracciones teóricas, tecnocráticas y programáticas. Como el Parlamento era
el gran escenario del poder democrático, que apuntalaba al Poder Ejecutivo,
había que garantizar alianzas duraderas y mayorías sólidas en su seno.
En plena euforia democrática y ante la
falta de una mayoría absoluta, como sucede en la actualidad, llegó la era de la
«democracia pactada» y de los acuerdos políticos sistemáticos. Víctor Paz
Estenssoro y Hugo Banzer Suárez suscribieron el «Pacto por la Democracia». Era
la primera vez que se firmaba un acuerdo con el objetivo de permitir la
gobernabilidad del país y, al mismo tiempo, se inauguraba un nuevo estilo de
hacer política, en el que prevalecían la cultura del diálogo y la concertación.
Jaime Paz Zamora y Hugo Banzer Suárez
firmaron el «Acuerdo Patriótico», cogobernaron y generaron las condiciones para
la estabilidad política, económica y social. Como parte de esta nueva forma de
hacer política, el 5 de febrero de 1991, Hugo Banzer Suárez, Gonzalo Sánchez de
Lozada, Óscar Eid Franco, Carlos Palenque y Antonio Araníbar acordaron, entre
otras cosas, introducir enmiendas a la Ley Electoral y designar vocales
«notables» para la Corte Nacional Electoral. También acordaron la aprobación de
la primera Ley del Ministerio Público y de la Ley de Organización Judicial.
Además, entre 1994 y 1999, se crearon, mediante reformas constitucionales y
normas específicas, instituciones como el Defensor del Pueblo, el Consejo de la
Judicatura y el Tribunal Constitucional.
Los acuerdos políticos buscaban garantizar
la gobernabilidad y lo consiguieron. Bolivia se convirtió en un país estable en
lo económico y político, sin presos, exiliados ni perseguidos por pensar
diferente. La reedición de la democracia pactada parece inevitable e
impostergable en el nuevo escenario político nacional, y el Gobierno debe
comenzar a tender puentes… La historia de la democracia está llena de pequeñas
miserias humanas, imperfecciones, frustraciones y traiciones, pero la historia
del fascismo, del comunismo, del totalitarismo y del populismo es sencillamente
un horror.
*Jurista y autor de varios libros.