Miradas

¡La corrupción también tiene familia!

¡La corrupción también tiene familia!
Alberto De Oliva Maya | Columnista
| 2026-10-13 05:54:11

¡Qué país tan extraordinario el nuestro! Aquí, algunos funcionarios públicos parecen descubrir el secreto de la prosperidad económica apenas reciben un nombramiento. Y, curiosamente, alrededor de ciertos cargos florecen negocios, amistades, parentescos y una generosidad digna de los grandes filántropos.

¡Qué manera de progresar! Lo de Mariaca y los demás investigados ya no debería sorprendernos solamente por los millones encontrados. Primero, una ambulancia transportando dinero. Después, dólares en cajas de zapatos. ¡La justicia boliviana parece haber descubierto un sistema bancario que no necesita bancos!

Pero lo verdaderamente interesante no está dentro de las cajas, sino alrededor. Porque en Bolivia el poder rara vez se disfruta en soledad. Siempre hay un hermano disponible, un sobrino emprendedor, un cuñado con talento empresarial, un compadre influyente y algún amigo dispuesto a colaborar.

Y, si queda presupuesto para la vida social, aparecen las comparsas, las fraternidades, los equipos de fútbol, las casacas regaladas y los carnavales inolvidables. ¡Qué maravilla de solidaridad!

La pregunta incómoda no es si tener familiares constituye un delito. Evidentemente, no lo es. La cuestión es cuándo una relación familiar o una amistad deja de ser un vínculo personal y se convierte en un mecanismo de influencia, protección o enriquecimiento.

Ya conocemos esa vieja costumbre boliviana de confundir lo público con lo privado y lo institucional con lo familiar. Algunos parecen creer que, al recibir un cargo, también obtienen una empresa para administrar entre sus allegados.

Cuando aparecen fortunas cuyo origen se investiga, surgen otras preguntas: ¿quiénes compartieron los beneficios?, ¿quiénes facilitaron operaciones?, ¿quiénes conocían los movimientos patrimoniales?, ¿quiénes prefirieron no preguntar? ¡Qué fácil resulta hacerse el desentendido cuando el dinero paga la fiesta!

El caso Mariaca también ha abierto interrogantes sobre posibles relaciones entre funcionarios judiciales y otros personajes públicos. Las denuncias de Margarita Arce sobre presuntas comunicaciones entre Mariaca y Nadia Beller merecen una investigación verificable. Desde el Tribunal Supremo de Justicia, presidido por Rómer Saucedo, corresponde exigir controles efectivos, no solamente declaraciones institucionales.

La independencia judicial no consiste en proteger a una institución del escrutinio público, sino en garantizar que nadie esté por encima de la ley: ni fiscales, ni jueces, ni amigos, ni familiares, cuando existan indicios concretos que justifiquen investigarlos.

¿Cuántos ciudadanos fueron investigados por movimientos bancarios insignificantes mientras los mecanismos de control no detectaban fortunas que hoy despiertan sospechas? ¿Cuántos empresarios tuvieron que defender su patrimonio ante acusaciones infundadas? ¿Cuántas denuncias de extorsión quedaron sin respuesta y cuántos expedientes terminaron archivados sin explicaciones suficientes?

No olvidamos casos como «La Torre», el hotel Las Américas, AEROSUR, el Banco FASSIL y otros de gran repercusión, vinculados a denuncias y controversias que merecen esclarecimiento. La corrupción no necesita que toda una institución participe. Le basta con encontrar suficientes puertas abiertas y controles ineficaces.

Pero hay algo más que discutir. Hemos visto millones de bolivianos y cientos de miles de dólares bajo investigación. ¿Y después qué? ¿Otra interminable historia de custodias judiciales, depósitos, administradores, trámites y expedientes?

Mientras tanto, los hospitales necesitan medicamentos y numerosas familias hacen colectas para pagar tratamientos médicos. Propongo que todo el dinero recuperado definitivamente de delitos de corrupción, respetando los derechos de las víctimas y las garantías legales, tenga un destino prioritario y transparente: ¡LA SALUD!

Sin padrinos, operadores ni intermediarios políticos. Que cada boliviano pueda conocer cuánto se recuperó, dónde se depositó y en qué hospital se utilizó.

¡Imaginen semejante ironía! Que el dinero proveniente de una extorsión comprobada termine pagando una operación. Que una fortuna ilícita se convierta en medicamentos. Eso sería transformar un escándalo en reparación social.

No se trata de condenar anticipadamente a los investigados. Tampoco todos los familiares son cómplices, todos los amigos son operadores ni todas las fortunas son ilícitas. Se trata de exigir que se esclarezcan los hechos y las responsabilidades individuales.

La corrupción no siempre comienza con una maleta de dinero. A veces empieza cuando alguien decide que, por amistad, parentesco o conveniencia, es mejor no hacer preguntas. También debemos dejar de aplaudir la ostentación sin preguntarnos cómo se financia.

Porque, si mañana cambia el fiscal, pero permanecen intactos los mecanismos que permitieron los presuntos abusos, habremos cambiado al administrador sin resolver el problema.

¡En Bolivia necesitamos menos amigos del poder y más instituciones capaces de investigarlo!

Alberto De Oliva Maya | Columnista