El Concejo Municipal de Santa Cruz decidió retirar la distinción otorgada al exfiscal general Róger Mariaca, hoy detenido preventivamente y acusado de presuntos vínculos con el narcotráfico. El episodio, ocurrido días antes de revelar la verdadera identidad de Mariaca, revela la ligereza con que se conceden honores que deberían representar méritos incuestionables y una conducta ejemplar. La pueblerina costumbre de otorgarse distinciones mutuamente debe ser revisada. Autoridades que se homenajean entre sí, ceremonias pomposas y reconocimientos repartidos con generosidad terminan convirtiendo el mérito en una formalidad burocrática, cuando no en una expresión de vanidad institucional. La costumbre ha sido bastardeada y rodeada de sospechas, al punto de que muchas distinciones ya no son motivo de orgullo, sino de vergüenza ajena. Un honor público exige rigor, prudencia y criterios transparentes. De lo contrario, retirar una medalla será apenas corregir tardíamente un error que nunca debió cometerse.