Hay quienes se escandalizan porque las sanciones que aplica Estados Unidos decretan la muerte civil de personas que ni siquiera han sido juzgadas. El argumento sería impecable si Bolivia fuera un país donde la justicia funciona, los fiscales investigan sin presiones y los jueces castigan a los que abusan de su poder. ¿Por qué tanto alboroto por la suerte de quince individuos que tienen prohibido visitar Disney, cuando nadie parece recordar la muerte civil, material y moral de miles de bolivianos que sufrieron y siguen sufriendo los abusos de una justicia sometida al poder y la corrupción? Personas perseguidas, familias destruidas, patrimonios arrebatados, ciudadanos torturados y vidas arruinadas por quienes debían proteger sus derechos. ¿Justo ahora nos preocupa el honor y buen nombre de unos forajidos? Nadie debería ser condenado sin pruebas ni juicio. Pero tampoco podemos exigir compasión por esos individuos y olvidar a sus víctimas. La verdadera justicia llegará cuando los responsables rindan cuentas ante tribunales independientes y ningún funcionario vuelva a utilizar el Estado para aplastar al ciudadano.