El presidente ha adquirido la costumbre de “denunciar” que él mismo está en peligro de ser atacado por las mafias y que su familia recibe amenazas de muerte.
Aparte de lo dramático de todo esto, incluso
lacrimoso, cabe preguntar, primero, ante quién hace esas denuncias y, luego,
por qué no usa sus funciones de presidente para defenderse.
Cuando decidió visitar Pando, el presidente
reveló que la mafia brasileña Comando Vermelho le hizo amenazas, quizá porque,
como lo había denunciado el ministro de gobierno, es la mafia que quiere
apoderarse de una provincia de aquel departamento.
Querría decir que los narco-bandeirantes
cariocas consideran que Pando ya no pertenece a Bolivia y que el presidente
necesita de una visa para llegar allí.
Unos días antes, el ministro Marco Antonio
Oviedo había movilizado un comando conjunto policía-ejército para recuperar el
control, en Santa Cruz, de San Ignacio de Velasco, pero ese comando admitió que
no tenía los medios para enfrentar a los brasileños.
Una admisión de que el Estado boliviano,
quebrado y fallido, está en inferioridad de condiciones para enfrentar a uno de
los comandos del ejército de la industria más próspera de Sudamérica.
Se trata de una guerra desigual, asimétrica,
como se dice ahora, y que debía haberse llamado así la guerra de la Triple
Alianza, de Argentina, Brasil y Uruguay, contra Paraguay en el siglo XIX.
O también la guerra asimétrica que libró
Bolivia con Chile, un país que ya entonces estaba aliado con Inglaterra, como
se confirmó en la guerra de las Malvinas.
Aunque la guerra de Vietnam mostró que un país
pequeño puede derrotar a la primera potencia mundial y hacerla escapar
perdiendo los calzoncillos en abril de 1975. El mérito fue de los Vietcongs y
de su líder, Ho Chi Ming, con la ayuda de China y la ahora derrotada URSS.
Pero volvamos a Bolivia. La pregunta más
aterradora es, si el presidente está tan amenazado y su familia también, ¿qué
les espera a los demás bolivianos, que no pueden ordenar a la policía que los
defienda, ni contar con los PM del ejército, como él podría hacerlo?
Podría el presidente meditar un poco cuando
elige a sus colaboradores, sobre todo si toma en cuenta que escogió a su vice
con pésimo criterio y ahora se sabe que designó al jefe del SEGIP por un error.
Quizá pueda el presidente, contra su costumbre
de cometer errores, pedir que venga el Comando Sur de Estados Unidos para
protegerlo a él, a su familia y, de paso, a todos los bolivianos.
Siglo21bolivia.com