Tribuna

Estados Unidos: ¿riqueza sin bienestar?

Estados Unidos: ¿riqueza sin bienestar?
Oscar Antezana Malpartida | Columnista
| 2026-10-29 00:02:00

El martes 3 de noviembre, los estadounidenses acudirán a las urnas para renovar parcialmente su Congreso. En 1992, la campaña presidencial de Bill Clinton popularizó una frase memorable: «¡Es la economía, estúpido!». Treinta y cuatro años después, las preocupaciones económicas vuelven a ocupar un lugar central entre los votantes. ¿Qué economía encontrarán? Más allá de los discursos partidistas, las cifras revelan una extraordinaria paradoja.

Estados Unidos sigue siendo una de las economías más dinámicas del mundo. Wall Street acumula ganancias históricas, la inteligencia artificial atrae inversiones gigantescas y la riqueza crece. Sin embargo, millones de familias tienen dificultades para llegar a fin de mes. Imaginemos dos EE. UU. En el primero, los ejecutivos tecnológicos celebran ganancias récord y las fortunas se multiplican. En el segundo, una familia de clase media hace cuentas: ambos padres trabajan, pero la hipoteca, los alimentos, la gasolina y el seguro médico absorben buena parte de sus salarios. Ahorrar o afrontar imprevistos resulta cada vez más difícil. Según el Pew Research Center, el 44 % de los estadounidenses tuvo dificultades para pagar al menos una necesidad básica durante el último año.

Al asumir la presidencia en enero de 2025, Donald Trump proclamó el comienzo de una nueva «Edad de Oro», prometiendo mejores empleos, salarios y prosperidad. Recibió una economía relativamente sólida. Según el Bureau of Economic Analysis (BEA), EE. UU. creció un 2,8 % en 2024. El desempleo era del 4,1 % y la inflación, del 2,9 %. Casi dos años después, la economía continúa creciendo y el desempleo ronda el 4,2 %. Sin embargo, la inflación alcanzó el 3,7 % en septiembre, según el Bureau of Labor Statistics (BLS). Ese porcentaje parece moderado, pero los precios ya habían aumentado considerablemente desde la pandemia. Además, durante la crisis petrolera relacionada con Irán, la gasolina se encareció más del 45 % y el diésel, cerca del 80 %. Esto repercute en el transporte y los alimentos. Entretanto, los salarios aumentan alrededor del 3 %, menos que la inflación. Según The Economist, los aranceles costarán unos 1.100 dólares al hogar promedio durante 2026, y el encarecimiento energético añadirá otros 1.000 dólares.

El problema no es solamente cuánto crece la economía, sino cuánto dinero queda después de pagar las facturas. Según estimaciones de The Economist, el efecto combinado de los aranceles, los combustibles y las reformas tributarias reducirá los ingresos disponibles del 10 % más pobre en casi un 3 % durante 2026. En cambio, el 10 % más rico ganará cerca del 3 %. La riqueza bursátil revela una desigualdad todavía mayor. De los 17 billones de dólares generados desde finales de 2024, casi el 90 % correspondió al 10 % más rico, según datos de la Reserva Federal citados por la revista. La mitad más pobre recibió apenas el 0,6 %.

La riqueza crece, pero sus beneficios se concentran extraordinariamente en quienes ya tienen más.

La inteligencia artificial impulsa inversiones multimillonarias en microprocesadores y centros de datos, cuya construcción ha generado unos 180.000 empleos relacionados, según The Economist. Sin embargo, el empleo manufacturero ha disminuido en unos 20.000 puestos desde enero de 2025. La economía dibuja una enorme letra K: una línea asciende hacia la prosperidad, mientras otra representa a quienes enfrentan mayores dificultades.

El contraste domina también la campaña electoral. Los demócratas cuestionan las prioridades presidenciales, incluido el lujoso salón de baile proyectado en la Casa Blanca. Trump defiende sus inversiones, sus rebajas tributarias y sus resultados económicos. Según el Pew Research Center, el 65 % de los estadounidenses considera que las políticas económicas de Trump han empeorado las condiciones del país.

El 3 de noviembre, las elecciones de medio término pondrán a prueba esa contradicción. Trump prometió una Edad de Oro para EE. UU. Las urnas revelarán hasta qué punto los ciudadanos sienten que esa promesa también los incluye.

Oscar Antezana Malpartida | Columnista