
Ucrania reanudó los ataques con drones contra instalaciones petroleras rusas después de una breve pausa, en una ofensiva que podría reducir las exportaciones de diésel de Moscú y afectar el abastecimiento de los mercados internacionales. El Gobierno ruso confirmó que los bombardeos alcanzaron tres refinerías y un complejo gasoquímico durante la noche del jueves.
El gobernador de la región de Samara,
Viacheslav Fedorishchev, confirmó que una refinería de la petrolera estatal
Rosneft, ubicada en la ciudad de Novokuibishevsk, fue alcanzada por drones. El
ataque dejó dos personas muertas, aunque las autoridades no precisaron la
magnitud de los daños materiales.
La instalación afectada se encuentra a unos
800 kilómetros de la frontera con Ucrania y pertenece a Rosneft, la mayor
compañía petrolera de Rusia. La planta ya había sido objeto de ataques
ucranianos en anteriores ocasiones, el último de ellos a mediados de agosto.
El viceprimer ministro ruso encargado de
Asuntos Energéticos, Alexander Novak, confirmó la reanudación de las
operaciones y advirtió que los bombardeos podrían reducir los volúmenes de
diésel destinados a la exportación. Según explicó, los ataques también
alcanzaron otras instalaciones de procesamiento de petróleo y gas en territorio
ruso.
Canales rusos de Telegram difundieron videos
en los que se observaba humo saliendo de una instalación industrial en Samara
después del bombardeo. Paralelamente, medios rusos y ucranianos informaron de
un ataque contra una fábrica de conservas en la región de Briansk, empresa que
abastece de alimentos al Ejército ruso.
Kiev no emitió comentarios inmediatos sobre la
nueva ofensiva. Desde el inicio de la invasión rusa, en febrero de 2022, las
fuerzas ucranianas han atacado reiteradamente instalaciones petroleras y
gasíferas de Rusia como represalia por los bombardeos de Moscú contra la
infraestructura energética de Ucrania.
La reanudación de los ataques se produce en
medio de un acuerdo entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y su
homólogo ruso, Vladimir Putin, para aliviar determinadas sanciones contra Moscú
a cambio de facilitar el suministro de diésel a los mercados internacionales.
El pacto, alcanzado a principios de octubre, contempla mantener los envíos al
menos hasta abril de 2027.
Novak informó que Rusia exportó aproximadamente
510.000 toneladas de diésel durante octubre en el marco de ese entendimiento y
que tenía previsto aumentar los despachos a unas 2,15 millones de toneladas en
noviembre. Sin embargo, reconoció que los ataques ucranianos podrían obligar a
reducir los volúmenes comprometidos, aunque consideró que el impacto podría ser
limitado.
El funcionario ruso advirtió que las
interrupciones en la producción y exportación podrían repercutir en los
mercados internacionales. El acuerdo busca contribuir a contener los precios
del combustible, especialmente en Estados Unidos, donde el consumo alcanza
aproximadamente 3,9 millones de barriles diarios de diésel.
El entendimiento entre Washington y Moscú
provocó rechazo en Kiev y entre varios aliados europeos de Ucrania. Después de
su firma, Trump anunció un supuesto «alto el fuego energético» entre ambos
países, pero el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, aseguró que no había
sido informado previamente sobre esa iniciativa.
La administración estadounidense había
presionado a Kiev para que suspendiera los ataques contra las refinerías rusas
e incluso limitó la entrega de armamento y tecnología militar. Trump
responsabilizó a estas operaciones de contribuir al encarecimiento
internacional del diésel, con consecuencias para sectores como el transporte,
la agricultura y la ganadería.
La presión de Washington también responde a factores políticos internos. El acuerdo con Putin fue cerrado antes de las elecciones legislativas de medio término del 3 de noviembre, en un contexto de preocupación por la inflación y el costo de los combustibles. La reanudación de los bombardeos ucranianos vuelve a poner en tensión el entendimiento energético entre ambos gobiernos.