Hay que tener cuidado con lo que la clase política hace con Jhonny Fernández. Su ingreso en Palmasola puede provocar satisfacción entre quienes padecieron su gestión, pero también debería encender una alarma. El problema no termina con un político entre rejas, eso no es novedad, sino con lo que sucede después: ¿se esclarecen los hechos, se recupera el dinero público, se impide que la historia vuelva a repetirse? ¿O simplemente asistimos a otro capítulo del interminable y grotesco espectáculo de la política boliviana?
Jhonny Fernández es un personaje que permite
entender una de las características más desconcertantes de la política criolla:
la capacidad de sobrevivir frente a sus nefastas acciones como servidor
público. ¿Qué clase de sociedad permite que un político tan oscuro siga siendo
una opción después de acumular semejante prontuario?
La respuesta está en una forma de hacer
política, donde la vergüenza no siempre es un costo electoral, sino que puede
convertirse en un credencial de supervivencia.
Jhonny Fernández merece un análisis que vaya
más allá de la celebración de su caída. Si las acusaciones se prueban, deberá
responder ante la justicia. Si hubo daño económico, el Estado debe recuperar
los recursos. No basta con encarcelar a un exalcalde mientras las obras siguen
inconclusas y los ciudadanos continúan pagando las consecuencias. La cárcel,
por sí sola, no repara una ciudad ni devuelve el dinero desaparecido.
Si se cumple el patrón o se repite el “factor
Jhonny”, el ex alcalde podría terminar convertido en una especie de arquetipo
del político boliviano. No necesariamente el más preparado ni el más honesto,
sino el que mejor representa la capacidad de sobrevivir, reciclarse y volver a
empezar. En Bolivia hemos visto dirigentes cuestionados que regresan, partidos
desacreditados que se reorganizan y discursos agotados que reaparecen con otro
envoltorio. El caso de Evo Morales, cuya trayectoria siempre ha estado marcada
por su estrecha vinculación con el narcotráfico, también demuestra hasta qué
punto una base organizada puede convertirse en plataforma de poder nacional,
incluso cuando sus dirigentes acumulan graves cuestionamientos.
Cuidado con creer que el problema está
resuelto porque Jhonny está preso. Dentro unos años, si las condiciones
políticas se lo permiten, podría reaparecer con otro discurso, una nueva
alianza y renovadas promesas. Incluso podría volver a disputar la Alcaldía. No
sería la primera vez que la política boliviana resucita a sus propios
protagonistas.
La política boliviana no necesita monumentos
para sus protagonistas más resistentes. Necesita instituciones que funcionen,
justicia sin selectividad y ciudadanos que aprendan a distinguir entre un
dirigente popular y uno que merece gobernarlos. Porque el verdadero factor
Jhonny Fernández no es Jhonny. Es un sistema que permite que personajes como él
sigan teniendo futuro político.
La política boliviana no necesita monumentos para sus protagonistas más resistentes. Necesita instituciones que funcionen, justicia sin selectividad y ciudadanos que aprendan a distinguir entre un dirigente popular y uno que merece gobernarlos. Porque el verdadero factor Jhonny Fernández no es Jhonny. Es un sistema que permite que personajes como él sigan teniendo futuro político.