Miradas

Tuto, libre de partido… pero no dueño de la alianza

Tuto, libre de partido… pero no dueño de la alianza
Alberto De Oliva Maya | Columnista
| 2026-11-02 08:30:48

Cuando la democracia interna se confunde con el derecho a mandar, es momento de preocuparse. Al parecer, las viejas prácticas políticas desaparecieron de los discursos, pero jamás de las costumbres. Prometieron cambiar la política, pero se olvidaron de cambiar ellos mismos. Hay políticos que hablan tanto de democracia, institucionalidad y respeto a las leyes que uno termina preguntándose si esos principios también se aplican cuando las decisiones no les favorecen.

Eso es precisamente lo que ocurre con Jorge Tuto Quiroga y su particular interpretación de lo que significa ser presidente de LIBRE. Porque, aunque parezca una broma de nuestra absurda democracia, resulta que tenemos dos LIBRE: una alianza que participó en las elecciones de 2025 y un partido que obtuvo su personalidad jurídica después. Ambos con el mismo nombre, el mismo protagonista y distintas interpretaciones sobre quién tiene derecho a mandar.

¡Qué maravilla! En Bolivia, hasta la libertad parece necesitar un dueño. Pero esta vez no son sus adversarios quienes ponen las contradicciones sobre la mesa. Es el propio Tribunal Supremo Electoral que, mediante la nota TSE-SC-EXT N.º 0907/2026, del 14 de octubre, establece una diferencia que algunos parecen empeñados en ignorar. Tuto Quiroga es presidente del Partido Libertad y República (LIBRE), pero eso no significa que pueda disponer unilateralmente de la Alianza Libertad y Democracia (LIBRE), aquella que participó en las elecciones de 2025. Más claro, agua.

El TSE recuerda que las decisiones del Comité Ejecutivo Nacional de la Alianza deben seguir los procedimientos establecidos en su documento regulador y que las convocatorias requieren la aprobación de al menos cinco de sus nueve integrantes. También señala que su presidente no tiene atribuciones para convocar reuniones por decisión propia. Finalmente, concluye que la convocatoria sometida a consulta no surte efectos legales. ¡Vaya manera de recordar que una alianza política no es una propiedad privada!

Lo curioso es que, mientras se discute quién puede representar legítimamente a la Alianza, algunos dirigentes se dedican a denunciar transfugios, amenazar con procesos disciplinarios y repartir certificados de lealtad política. ¿Desde cuándo discrepar con un dirigente significa traicionar a los electores? ¿La lealtad se debe a una persona, a un partido, a una alianza o a los ciudadanos que votaron? Sería interesante que quienes hoy levantan el dedo acusador explicaran también sus propias trayectorias políticas y sus alianzas de conveniencia.

No todo cambio de militancia constituye transfugio, naturalmente. Pero tampoco toda discrepancia parlamentaria puede convertirse en una traición por decreto del jefe. La moral política debería comenzar por la coherencia de quienes la predican.

Y aquí aparece otro asunto que merece una explicación: Santa Cruz. El departamento que tuvo un peso decisivo en el respaldo electoral a Quiroga y aportó 13 de los 39 diputados de LIBRE aparece sin una representación territorial cruceña claramente identificable en la directiva nacional de doce miembros registrada por el TSE para el nuevo partido. ¡Extraordinaria manera de agradecer el respaldo político! Santa Cruz pone votos, aporta parlamentarios y contribuye a construir liderazgos, pero después tiene que preguntarse qué lugar ocupa en las decisiones. No se trata de exigir privilegios regionales ni de convertir un partido nacional en una repartición departamental. Se trata de algo mucho más sencillo: representatividad, equilibrio y respeto al peso político de quienes hicieron posible el resultado electoral.

Y aquí cabe una reflexión dirigida a Juan Pablo Velasco. JP, usted tiene una responsabilidad con Santa Cruz que va mucho más allá de acompañar actos partidarios, aparecer en fotografías o respaldar las decisiones de un dirigente nacional. Su liderazgo merece tener voz propia. Hágase respetar, JP. Ser leal a un proyecto político no significa renunciar al criterio ni aceptar que los intereses de su departamento queden subordinados a decisiones ajenas.

Lo preocupante de este episodio es que vuelve a mostrarnos una vieja costumbre de nuestra política: organizaciones que nacen hablando de renovación, dirigentes que prometen democracia interna y estructuras que terminan discutiendo quién tiene la última palabra. Mientras tanto, los problemas del país esperan. Los ciudadanos que creyeron estar votando por una alternativa política terminan contemplando una disputa entre quienes reclaman representar a la Alianza, quienes exigen obediencia al partido y quienes consideran que la bancada debe resolver sus propias jefaturas.

La controversia jurídica todavía exige distinguir las atribuciones del TSE de las que corresponden a las cámaras legislativas. Una convocatoria sin efectos legales no resuelve automáticamente todas las disputas parlamentarias. Pero deja una enseñanza que no debería pasar inadvertida. La representación electoral no es un título de propiedad, los parlamentarios no son patrimonio personal de ningún dirigente y la democracia interna no puede funcionar solamente cuando confirma la voluntad del presidente.

Tuto tiene todo el derecho de construir su partido y dirigirlo. Lo que debe explicar es cómo pretende conciliar ese liderazgo con los derechos y procedimientos de la Alianza que lo llevó a las elecciones. Porque resulta bastante irónico que quienes prometieron liberar a Bolivia de las viejas prácticas políticas terminan discutiendo sobre quién tiene derecho a quedarse con la llave de LIBRE. ¡Y pensar que todavía nos quieren convencer de que la política boliviana se está renovando!

Alberto De Oliva Maya | Columnista