
Senegal se coronó campeón de la Copa Africana de Naciones tras vencer 1-0 a la anfitriona Marruecos en una final tan intensa como surrealista, definida en la prórroga y marcada por un episodio insólito: un penalti polémico desperdiciado por Brahim Díaz y la amenaza de retirada del campo por parte del conjunto senegalés. La noche terminó con lágrimas marroquíes y gloria para los ‘Leones de la Teranga’.
El desenlace fue digno de una película. En el tiempo añadido, el árbitro congoleño Jean-Jacques Ndala Ngambo, tras consultar el VAR, señaló un penalti por un agarrón de Malick Diouf sobre Brahim. La decisión desató la furia de Senegal, que por orden de su técnico llegó a abandonar el campo como protesta. Solo la intervención de su capitán, Sadio Mané, logró que el equipo regresara tras casi quince minutos de incertidumbre.
Con el estadio en máxima tensión, Brahim Díaz —máximo goleador del torneo con cinco tantos— asumió la responsabilidad desde los once metros. Intentó un lanzamiento ‘a lo Panenka’, pero el balón terminó mansamente en las manos de Edouard Mendy. De héroe pasó a villano en segundos, en una escena que resumió el caos del tramo final del tiempo reglamentario.
Hasta entonces, Senegal había mostrado mayor solidez. Pese a la ausencia por sanción de Kalidou Koulibaly, el equipo de Pape Thiaw se mostró ordenado, solidario en la presión y sin complejos ante el empuje del público local. Incluso tuvo las ocasiones más claras del primer tiempo: un cabezazo de Pape Gueye que Bono corrigió tras una mala salida (5’) y un mano a mano de Iliman Ndiaye bien resuelto por el portero marroquí (38’).
Marruecos, en cambio, se marchó al descanso sin un solo remate entre los tres palos. Brahim estuvo bien controlado por Malick Diouf y el peso ofensivo recayó casi exclusivamente en Ez Abde, muy activo por la izquierda. Su mejor opción llegó en el 41’, con un centro peligroso que no encontró rematador por centímetros.
El equilibrio se mantuvo tras el descanso. Marruecos ajustó líneas y generó peligro con un disparo de Abde y, sobre todo, con una ocasión clara de Ayoub El Kaabi, cuyo remate se marchó fuera tras un pase filtrado de Bilal El Khannouss. Senegal también rozó el gol, aunque le fue anulado uno a Ismaïla Sarr por falta previa en un córner.
En la prórroga, ya sin la presión ambiental y con Marruecos golpeado anímicamente, Senegal aprovechó un robo para lanzar una contra letal. Pape Gueye culminó la acción con un potente disparo cruzado desde la frontal que se coló en la escuadra, desatando la locura del banquillo senegalés.
El final fue un asedio. Sin Brahim en el campo, Marruecos estuvo cerca del empate con un cabezazo de En-Nesyri que rozó el poste y otro de Aguerd al larguero, mientras que Cherif Ndiaye perdonó el segundo gol con toda la portería a su favor. No hubo más. Senegal levantó su segunda Copa África —ambas con Sadio Mané como emblema— y escribió una de las páginas más increíbles y surrealistas de la historia del torneo. Marruecos lloró; África volvió a rendirse ante Senegal.