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Irán gana tiempo para evitar un ataque de Estados Unidos

El pasado bélico, la estructura del régimen y su capacidad militar hacen improbable un acuerdo rápido o una rendición ante Estados Unidos.

Internacional | Agencias | 2026-02-02 22:38:00

Estados Unidos mantiene a Irán bajo una intensa presión militar y diplomática, mientras el presidente Donald Trump insiste en que la única alternativa a un ataque es un nuevo acuerdo nuclear. Sin embargo, analistas consideran inverosímil que la República Islámica capitule ante Washington sin ofrecer resistencia.

La disposición de Teherán a negociar ha permitido, por ahora, ganar tiempo y postergar una ofensiva que se consideraba inminente. Fuentes citadas por Axios señalan que esta semana podría celebrarse una reunión entre ambos países en Turquía, con mediación regional para evitar una guerra.

El principal obstáculo sigue siendo el alcance de las exigencias estadounidenses. Washington pide el abandono total del enriquecimiento de uranio, límites estrictos al programa de misiles y el fin del apoyo iraní a sus aliados regionales. Teherán solo acepta discutir el primer punto y rechaza los demás como inasumibles.

El ministro de Exteriores, Abbas Araghchí, sugirió que un acuerdo sería posible solo para garantizar la ausencia de armas nucleares, mientras que el líder supremo, Ali Jameneí, advirtió que un conflicto desencadenaría una guerra regional.

Irán enfrenta sanciones severas, una crisis económica profunda y una legitimidad erosionada por la represión interna. Aun así, expertos coinciden en que el régimen carece de un “plan B” que no sea resistir o forzar a Washington a rebajar sus condiciones.

La historia pesa. La guerra con Irak en los años ochenta, con cerca de un millón de muertos y heridos iraníes, forjó una cultura estratégica basada en el sacrificio y la resistencia, aún presente en la actual cúpula del poder.

Especialistas descartan que un ataque “corto y espectacular”, como el modelo aplicado en otros escenarios, pueda doblegar al régimen. Irán es visto como un “avispero” sin un plan claro para el día después.

Pese a los bombardeos recientes, Teherán conserva capacidades militares significativas: miles de misiles, drones y una estructura defensiva capaz de responder con fuerza a un ataque.

El país cuenta con dos ejércitos —el regular y la Guardia Revolucionaria— y con milicias auxiliares como los Basij, una arquitectura diseñada para resistir invasiones y evitar golpes internos.

Incluso la eventual eliminación de Jameneí no garantizaría el colapso del sistema, que ha demostrado capacidad de reemplazo en su cúpula y funciona como una alianza de estamentos más que como un liderazgo unipersonal.

Una guerra tendría consecuencias regionales. Irán podría atacar bases estadounidenses en Medio Oriente, infraestructura energética del Golfo y el estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del petróleo mundial.

Dentro de la oposición iraní, figuras críticas del régimen rechazan una intervención extranjera y reclaman un cambio interno y pacífico. Coinciden en que una guerra no solo no traería democracia, sino que elevaría el costo humano y regional del conflicto.