Se equivocaron quienes anticiparon un acto político detrás del show de medio tiempo de Bad Bunny en el Super Bowl. La NFL no es ingenua ni temeraria: jamás convertiría el evento más emblemático de la cultura tradicional estadounidense en una tribuna ideológica. Lo que hubo no fue militancia, fue mercado. El homenaje a la cultura latina que brilló en el evento no respondió a una convicción social, sino a una estrategia económica. La poderosa NFL intenta conquistar un público que históricamente le ha sido esquivo y que cada vez se inclina más por el denominado “soccer”. El fenómeno Messi y el crecimiento global de esa liga actuaron como estímulo. La respuesta fue inmediata y empresarial. Bad Bunny fue el vehículo, no el mensaje. No hubo choque frontal con Trump ni con su política migratoria. Al contrario, el artista terminó repitiendo la consigna que une a oficialistas y conservadores: “Dios bendiga a América”. El Super Bowl habló en español, pero el idioma fue solo la forma. El fondo, como siempre en la NFL, fue dinero.