
La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, aseguró este lunes que las dinámicas de la guerra entre Rusia y Ucrania comienzan a favorecer a Kiev, en medio del desgaste militar ruso, el aumento de ataques ucranianos en territorio enemigo y una creciente presión política sobre el Kremlin.
Tras una reunión de ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea en Bruselas, Kallas afirmó que Rusia enfrenta pérdidas récord en el campo de batalla y que los recientes golpes ucranianos contra instalaciones petroleras y objetivos estratégicos reflejan un cambio progresivo en el equilibrio del conflicto.
La funcionaria europea sostuvo que Ucrania se encuentra en una posición “mucho mejor” que hace un año, aunque advirtió que aún no existe margen para la relajación. Según Kallas, el debilitamiento ruso también quedó evidenciado en la reducción del tradicional desfile militar organizado por Moscú.
Las declaraciones llegan en un momento particularmente delicado para el Kremlin. Durante el fin de semana, el presidente ruso Vladimir Putin insinuó que la guerra podría estar acercándose a su final después de más de cuatro años de combates y miles de muertos.
Sin embargo, diversos informes militares y análisis occidentales contradicen la narrativa de victoria impulsada por Moscú. Datos recientes muestran que la ofensiva rusa en el Donbás se ha desacelerado notablemente y que, al ritmo actual, Rusia tardaría décadas en controlar completamente la región oriental de Ucrania.
La guerra se ha transformado en una carrera tecnológica dominada por drones, vigilancia aérea y ataques de precisión. Ucrania ha conseguido ventajas tácticas en algunos sectores gracias a la innovación en sistemas no tripulados y a los ataques de largo alcance contra infraestructuras energéticas dentro de Rusia.
Analistas militares señalan que las tácticas tradicionales de grandes ofensivas blindadas han perdido efectividad debido al uso masivo de drones de combate. Esto ha obligado a las tropas rusas a recurrir a infiltraciones pequeñas y dispersas, con avances lentos y elevados costos humanos.
Las pérdidas rusas continúan siendo uno de los factores más sensibles para el Kremlin. Investigaciones independientes estiman que Moscú ha sufrido cientos de miles de bajas desde el inicio de la invasión en febrero de 2022, complicando el reclutamiento y aumentando la presión interna sobre el gobierno ruso.
Además del desgaste militar, Rusia enfrenta dificultades logísticas y tecnológicas. La pérdida de acceso a sistemas satelitales y las restricciones internas sobre plataformas de comunicación como Telegram han afectado las capacidades operativas de algunas unidades rusas en el frente.
En paralelo, la Unión Europea aprobó nuevas sanciones contra 23 instituciones y funcionarios rusos acusados de participar en la deportación ilegal de niños ucranianos desde territorios ocupados. Bruselas sostiene que cerca de 20.000 menores fueron trasladados forzosamente desde el inicio de la guerra.
Kallas calificó esas deportaciones como una política deliberada del Kremlin destinada a atacar el futuro de Ucrania. Las medidas aprobadas incluyen congelamiento de activos y prohibiciones de viaje, y fueron coordinadas con Canadá y Reino Unido, que anunciaron sanciones similares.
Mientras tanto, Ucrania intensifica los ataques sobre instalaciones petroleras y objetivos estratégicos rusos con el objetivo de aumentar el costo económico y militar para Moscú. Las autoridades ucranianas sostienen que buscan “forzar la paz mediante la fortaleza”, aunque en el terreno persiste un escenario de desgaste prolongado y sin una resolución inmediata a la vista.