
El ejército de Ucrania logró reducir significativamente el avance de las fuerzas de Rusia gracias a una expansión masiva de su capacidad de ataque con drones, aunque analistas y militares advierten que Kiev todavía no cuenta con los recursos suficientes para cambiar de manera decisiva el rumbo de la guerra.
Informes recientes del Instituto para el Estudio de la Guerra señalan que las fuerzas ucranianas recuperaron en abril unos 116 kilómetros cuadrados de territorio, el primer avance relevante desde mediados de 2024. Paralelamente, el ritmo de conquista rusa disminuyó de forma sostenida durante los últimos meses.
Según las estadísticas del ISW, las tropas rusas ocuparon 519 kilómetros cuadrados en diciembre de 2025, pero esa cifra cayó a 319 en enero, 123 en febrero y apenas 23 kilómetros cuadrados en marzo. El retroceso más evidente se registra en las regiones de Zaporiyia y Járkov.
La situación sigue siendo más crítica en Donetsk, provincia que permanece ocupada en aproximadamente un 75% y donde Moscú concentra la mayor parte de su esfuerzo militar. Junto con Lugansk, Donetsk forma parte del Donbás, territorio considerado estratégico por el presidente ruso Vladímir Putin.
Militares ucranianos consultados en el frente aseguran que la principal diferencia respecto a años anteriores es la multiplicación de drones de mediano y largo alcance. Ucrania alcanzó durante 2026 niveles similares a Rusia, con más de 7.000 drones utilizados mensualmente por cada bando en operaciones ofensivas.
El sábado pasado, Ucrania lanzó uno de sus mayores bombardeos de largo alcance contra la región de Moscú, ataque en el que murieron tres personas. Dos días antes, un misil ruso había dejado 24 civiles muertos en Kiev. Ambos ejércitos mantienen como objetivos prioritarios las infraestructuras energéticas y los centros de producción militar.
El viceministro de Defensa ucraniano, Serhii Boiev, reveló que la industria militar del país espera fabricar siete millones de drones durante 2026, la mayoría destinados a operaciones de corto alcance. La producción sería al menos tres veces superior a la registrada el año anterior.
Comandantes ucranianos aseguran que el nuevo poderío tecnológico obligó a las fuerzas rusas a retirar centros logísticos desde Lugansk hacia territorio ruso, debido a la capacidad ucraniana de atacar objetivos en radios de hasta 100 kilómetros. Entre los drones más utilizados destacan los modelos Rubaka y FP-2, capaces de recorrer hasta 250 kilómetros y ejecutar ataques de precisión.
La transformación militar también responde a la reducción de la ayuda estadounidense tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025. La disminución del suministro de armamento occidental obligó a Kiev a acelerar su producción nacional de drones para compensar la escasez de misiles y municiones de precisión.
Pese a las mejoras tácticas, oficiales ucranianos y especialistas internacionales advierten contra un exceso de optimismo. El analista austríaco Franz-Stefan Gady señaló que extraer conclusiones definitivas a partir de avances temporales puede conducir a errores de interpretación sobre el desarrollo de la guerra.
Expertos como el investigador finlandés John Helin consideran que Ucrania logró desgastar las rutas logísticas rusas y ralentizar la ofensiva enemiga, aunque recuerdan que Moscú ya ha demostrado capacidad de adaptación en etapas anteriores del conflicto.
El principal problema para Kiev continúa siendo la falta de infantería. El ministro de Defensa ucraniano reconoció dificultades para sostener el reclutamiento, mientras soldados desplegados en el frente aseguran que no cuentan con suficientes efectivos para resistir futuras ofensivas rusas de verano. Analistas militares coinciden en que la guerra podría evolucionar hacia un conflicto prolongado de desgaste, dominado por drones y con escasas posibilidades de avances territoriales decisivos para cualquiera de los dos bandos.