
Estados Unidos ejecutó este miércoles una nueva ofensiva militar de 90 minutos contra objetivos estratégicos de Irán, en una escalada que vuelve a elevar la tensión en Medio Oriente y aumenta los riesgos para el comercio mundial de petróleo. La operación estuvo dirigida contra sistemas de defensa costera, plataformas de lanzamiento de misiles y depósitos militares utilizados por Teherán en el estrecho de Ormuz.
El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) informó que los ataques se concentraron principalmente en la isla de Gran Tunb, en el golfo Pérsico, donde fueron empleadas municiones de precisión para destruir infraestructura militar iraní. Washington aseguró que la ofensiva buscó reducir la capacidad de Irán para amenazar el tránsito de embarcaciones comerciales por el estrecho de Ormuz.
La operación se produjo pocos días después de que el presidente Donald Trump diera por terminado el acuerdo de alto el fuego alcanzado el 17 de junio con la República Islámica, argumentando que Irán continuó atacando embarcaciones comerciales en la zona.
Además de los bombardeos, Estados Unidos mantiene el bloqueo naval a los puertos iraníes, una medida con la que busca limitar la capacidad operativa de Teherán sobre una de las rutas marítimas más importantes para el abastecimiento energético mundial.
Las autoridades iraníes denunciaron explosiones en las inmediaciones del puerto de Bandar Abbas, en la isla de Qeshm, así como en Bandar Imam Khomeini y en la ciudad de Bushehr, donde se encuentra la única planta nuclear civil del país.
Como respuesta, la Guardia Revolucionaria Islámica anunció ataques contra objetivos militares estadounidenses ubicados en Bahréin, Kuwait y Jordania, ampliando el alcance regional del conflicto.
Asimismo, Teherán advirtió que Estados Unidos y sus aliados deben prepararse para el cierre de "todos los demás corredores de exportación", una amenaza que podría afectar el suministro internacional de energía.
El Ministerio de Defensa de Kuwait informó que sus fuerzas interceptaron cuatro misiles de crucero y 21 drones procedentes de Irán dirigidos contra instalaciones estratégicas del país. Las autoridades señalaron que hubo daños materiales, aunque no se reportaron víctimas.
Mientras tanto, el Consejo de Cooperación del Golfo, integrado por Arabia Saudita, Catar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Omán, acusó a Irán de empujar a toda la región hacia una situación de mayor inestabilidad y expresó su respaldo a las acciones defensivas de sus Estados miembros.
En paralelo, el Ejército estadounidense negó haber atacado infraestructura civil iraní, luego de que medios de ese país denunciaran la destrucción de un almacén de trigo durante los bombardeos. Washington insistió en que todas las operaciones estuvieron dirigidas exclusivamente contra instalaciones militares.
La nueva escalada ocurre en momentos en que continúan los enfrentamientos indirectos entre ambas potencias por el control del estrecho de Ormuz, paso por el que tradicionalmente circula cerca de una quinta parte del petróleo comercializado a nivel mundial.
El recrudecimiento del conflicto mantiene en alerta a los mercados internacionales y a los gobiernos de la región, ante el riesgo de una interrupción prolongada del comercio energético y de una expansión de las hostilidades hacia otros países del Medio Oriente.