
Rusia liberó al exmarine estadounidense Robert Gilman, de 32 años, después de más de cuatro años de prisión, en una decisión que el presidente Donald Trump atribuyó a razones humanitarias y a las conversaciones que mantuvo directamente con el mandatario ruso, Vladimir Putin.
Trump afirmó este martes que Moscú no exigió ningún intercambio para permitir la excarcelación de Gilman. “Rusia no pidió a nadie a cambio; no hubo intercambio”, sostuvo el presidente estadounidense al informar sobre la liberación del exmilitar.
Gilman ya viajaba hacia Estados Unidos a bordo de un avión del Departamento de Estado con destino al aeropuerto Washington-Dulles. Su madre, Nancy Gilman, y representantes del Gobierno estadounidense lo acompañaban durante el traslado, mientras cuatro médicos estaban previstos para evaluar su estado de salud durante el vuelo.
A su llegada a Estados Unidos, Gilman será trasladado a un centro médico militar en Texas para recibir tratamiento y someterse a una evaluación especializada. Funcionarios estadounidenses que hablaron con él durante el vuelo señalaron que podía caminar y mantener una conversación y que, dadas las circunstancias, parecía encontrarse en condiciones relativamente buenas.
La situación médica del exmarine había generado preocupación en las últimas semanas. Eric Lebson, director de estrategia de Global Reach, organización que representa a la familia, afirmó que Gilman había sido trasladado a finales de junio desde un hospital penitenciario a la unidad psiquiátrica de un hospital civil de urgencias, donde presentaba un cuadro similar a la catatonía y había sido diagnosticado con un “estupor disociativo”.
Gilman fue detenido en enero de 2022 en la ciudad rusa de Vorónezh, después de un incidente ocurrido mientras viajaba en tren. Las autoridades rusas lo acusaron inicialmente de haber pateado a un policía mientras se encontraba bajo los efectos del alcohol. Posteriormente, su expediente incorporó nuevos cargos relacionados con presuntas agresiones a funcionarios penitenciarios.
El exmilitar había servido en el Cuerpo de Marines de Estados Unidos entre agosto de 2019 y agosto de 2020. Fue condenado inicialmente a cuatro años y medio de prisión y permaneció recluido en una cárcel de Vorónezh, situada unos 550 kilómetros al sur de Moscú.
La familia de Gilman siempre cuestionó las acusaciones. Su padre, Vladímir Gilman, quien emigró de Rusia a Massachusetts, sostuvo que su hijo había sufrido un problema de salud durante el incidente y que la patada al policía había sido accidental. Según la versión familiar, el agente no sufrió lesiones, retiró los cargos y tampoco presentó pruebas durante el juicio.
En las últimas semanas, organizaciones defensoras de Gilman habían pedido a las autoridades rusas que lo liberaran debido al deterioro de su salud y permitieran su traslado a Estados Unidos para recibir atención médica. El caso había adquirido especial relevancia dentro de los esfuerzos de Washington para recuperar a ciudadanos estadounidenses detenidos en Rusia.
Trump aseguró que la liberación fue resultado de gestiones de varios miembros de su administración y mencionó al enviado especial Steve Witkoff, al secretario de Estado Marco Rubio, al asesor adjunto de Seguridad Nacional Sebastian Gorka, al enviado especial para la respuesta a la toma de rehenes Adam Boehler y a su yerno, Jared Kushner.
El mandatario también relató que habló con Gilman durante el vuelo que lo sacaba de Rusia. Según Trump, el exmarine le hizo una petición concreta para su regreso: “una hamburguesa con queso buenísima” cuando aterrizara en Estados Unidos. La Casa Blanca presentó el caso como parte de la política de la administración para recuperar a estadounidenses detenidos en otros países.
La liberación de Gilman no cierra las negociaciones entre Washington y Moscú por los estadounidenses detenidos en Rusia. La administración Trump afirmó que continuará trabajando por la liberación de Stephen Hubbard, detenido desde 2022 y acusado por las autoridades rusas de actuar como mercenario en la guerra de Ucrania. El caso de Gilman, sin embargo, constituye un nuevo gesto de cooperación humanitaria entre ambos gobiernos en medio de una relación marcada por profundas tensiones.