
Según una investigación de Alli Cullqi, difundida este miércoles por la Coordinadora de la Mujer, más del 70% de las mujeres en Bolivia trabaja en el sector informal. El estudio se basa en una encuesta nacional aplicada a 317 mujeres.
El informe señala que “más del 70% de las mujeres trabaja en el sector informal”, lo que afecta su fuerza laboral y limita su integración al sistema productivo del país.
De acuerdo con los datos de la encuesta, apenas tres de cada diez mujeres cuentan con seguro de salud o aportes para la jubilación, mientras que en el sector informal “la protección social es prácticamente inexistente”. Esta situación afecta de manera diferenciada a mujeres indígenas, rurales, jóvenes y a mujeres de las diversidades sexuales y de género, profundizando las brechas de autonomía económica.
El informe advierte que la precariedad también se refleja en los ingresos. “Las mujeres ganan en promedio entre 25% y 30% menos que los hombres, brecha que puede superar el 40% en áreas rurales. En el caso de mujeres de las diversidades sexuales y de género”, se lee en el documento.
Otros datos complementarios muestran que el 35% percibe menos de 1.000 bolivianos mensuales, es decir, menos de la mitad del salario mínimo vigente al momento del levantamiento de la información.
En cuanto a los emprendimientos, la encuesta evidencia que la mayoría de las iniciativas lideradas por mujeres se mantiene en niveles de subsistencia. “Los emprendimientos impulsados por mujeres suelen concentrarse en sectores de baja productividad como comercio informal, manufactura artesanal y servicios personales”, señala la investigación, agregando que más del 60% de las mujeres se desempeña en actividades con escaso valor agregado.
El acceso al financiamiento aparece como una de las principales barreras. Según Alli Cullqi, “ocho de cada diez mujeres emprendedoras no acceden a crédito bancario formal”, principalmente por falta de garantías, informalidad de sus actividades y prácticas discriminatorias del sistema financiero. Como resultado, muchas recurren a créditos informales con altas tasas de interés, lo que reduce aún más la rentabilidad de sus negocios.
La carga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerado incide de forma directa en estas condiciones económicas. La investigación recoge que las mujeres dedican en promedio 39 horas semanales a tareas de cuidado, frente a 14 horas de los hombres. Además, el 70% de las mujeres que no busca empleo remunerado señala que la principal razón es la responsabilidad de cuidado de hijas e hijos, personas mayores o familiares dependientes.
La ausencia de un sistema público integral de cuidados es identificada como una barrera estructural. “La falta de servicios como guarderías, centros comunitarios de cuidado o licencias corresponsables obliga a las mujeres a asumir los cuidados de manera individual”, advierte el estudio, limitando su acceso a empleos formales, formación técnica y mejores ingresos.
Las desigualdades se profundizan en contextos rurales y territorios periféricos. Según la investigación, el 42% de las mujeres rurales depende de la agricultura familiar de baja rentabilidad, enfrentando además mayores distancias a servicios públicos, acceso limitado a capacitación y escasa infraestructura productiva, factores que restringen el desarrollo de emprendimientos sostenibles.
El estudio concluye que, pese a los avances normativos en materia de igualdad, persisten brechas estructurales que afectan el ejercicio pleno de los derechos económicos de las mujeres. “La informalidad, la precariedad laboral, la sobrecarga de cuidados y el acceso desigual a financiamiento continúan limitando la autonomía económica de las mujeres en Bolivia”, señala Alli Cullqi, subrayando la necesidad de políticas públicas integrales y diferenciadas.
Bolivia: mayoría de emprendimientos de mujeres opera en la informalidad y sin acceso a crédito, revela estudio
La mayoría de los emprendimientos liderados por mujeres en Bolivia opera en condiciones de informalidad, baja productividad y sin acceso al sistema financiero formal, según revela la investigación Alli Cullqi: Derechos Económicos de las Mujeres Diversas en Bolivia, basada en una encuesta nacional aplicada a 317 mujeres en todo el país. El estudio advierte que la informalidad constituye la principal forma de inserción económica femenina.
De acuerdo con los resultados de la encuesta, más del 70% de las mujeres trabaja en el sector informal y una proporción significativa desarrolla actividades económicas por cuenta propia vinculadas al comercio minorista, la manufactura artesanal, la agricultura familiar y los servicios personales. “Los emprendimientos impulsados por mujeres se concentran mayoritariamente en sectores de baja productividad”, señala la investigación.
El acceso al financiamiento aparece como una de las principales barreras para el crecimiento de estos emprendimientos. Según el estudio, “ocho de cada diez mujeres emprendedoras no acceden a crédito bancario formal”, debido a la falta de garantías reales, la informalidad de sus actividades, la ausencia de historial crediticio y prácticas discriminatorias del sistema financiero.
Ante estas restricciones, muchas mujeres recurren a préstamos informales. La investigación advierte que estos créditos suelen tener tasas de interés elevadas, lo que reduce los márgenes de ganancia y limita la sostenibilidad de los negocios. “La falta de financiamiento adecuado perpetúa un ciclo de emprendimientos de subsistencia, sin posibilidades reales de expansión”, señala Alli Cullqi.
La precariedad de los emprendimientos también se refleja en la ausencia de protección social. La encuesta revela que apenas tres de cada diez mujeres cuentan con seguro de salud o aportes jubilatorios, mientras que en el sector informal “la protección social es prácticamente inexistente”. Esta situación incrementa la vulnerabilidad económica de las mujeres emprendedoras frente a enfermedades o crisis.
El estudio identifica además una fuerte relación entre emprendimiento y carga de cuidados. Las mujeres dedican en promedio 39 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, casi el triple que los hombres. “Muchas mujeres optan por emprendimientos de baja rentabilidad porque les permiten compatibilizar ingresos con responsabilidades de cuidado”, señala la investigación.
Las brechas se profundizan en contextos rurales. Según los datos recogidos, el 42% de las mujeres rurales depende de actividades productivas de baja rentabilidad, con acceso limitado a infraestructura, capacitación técnica y mercados. Estas condiciones restringen la formalización y el crecimiento de los emprendimientos fuera de los centros urbanos.
En el caso de mujeres de las diversidades sexuales y de género, la investigación advierte que enfrentan mayores obstáculos para desarrollar iniciativas económicas. Datos complementarios citados en el estudio indican que el 35% percibe ingresos mensuales inferiores a 1.000 bolivianos, concentrándose en actividades altamente precarizadas y con escaso acceso a financiamiento.
El estudio concluye que, pese a los avances normativos en igualdad de género, los emprendimientos liderados por mujeres continúan enfrentando barreras estructurales. “La informalidad, el acceso desigual al crédito y la sobrecarga de cuidados limitan el ejercicio pleno de los derechos económicos y la autonomía económica de las mujeres en Bolivia”, señala Alli Cullqi.