
Japón presentó una nueva estrategia para convertir a la industria de defensa en uno de los motores del crecimiento económico del país, una política impulsada por la primera ministra Sanae Takaichi que combina un aumento sostenido del gasto militar con el fortalecimiento del sector tecnológico y la apertura a la exportación de armamento.
La iniciativa fue plasmada en el nuevo Libro Blanco de Defensa, documento que destaca la inversión en investigación y desarrollo como un elemento clave para fortalecer las capacidades militares y, al mismo tiempo, estimular la economía japonesa.
En la introducción del informe, el ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, subraya la importancia de consolidar una base industrial y tecnológica sólida para sostener el poder defensivo del país y reafirma que la alianza con Estados Unidos continúa siendo el eje central de la estrategia de seguridad de Japón.
El Gobierno mantiene además el compromiso de destinar el equivalente al 2% del Producto Interno Bruto al presupuesto de defensa, una cifra cercana a los 49.000 millones de euros anuales, consolidando el proceso de rearme iniciado en los últimos años.
Como parte de esta política, el documento promueve la incorporación de empresas emergentes al sector militar y flexibiliza las restricciones para exportar armamento, permitiendo por primera vez la comercialización de equipos convencionales más allá de los productos considerados exclusivamente de carácter no letal.
El Libro Blanco identifica a China como el principal desafío estratégico para la seguridad japonesa, al considerar que Pekín continúa incrementando de manera acelerada tanto la cantidad como la calidad de sus capacidades militares.
El documento también advierte sobre la creciente actividad militar china alrededor de Taiwán y sostiene que Pekín busca consolidar una presencia permanente en torno a la isla mediante ejercicios militares cada vez más frecuentes, situación que, según Tokio, exige una vigilancia constante.
Las autoridades chinas rechazaron con firmeza estas afirmaciones y acusaron al Gobierno japonés de exagerar las amenazas regionales para justificar un proceso de remilitarización que, según Pekín, rompe con las limitaciones adoptadas tras la Segunda Guerra Mundial.
El portavoz del Ministerio de Defensa chino, Chen Xi, calificó el Libro Blanco como un documento repleto de "narrativas falsas" y sostuvo que Japón pretende integrar el rearme en la economía, las instituciones estatales y la sociedad bajo el argumento de la seguridad nacional.
China considera que el incremento del gasto militar japonés, el desarrollo de capacidades ofensivas de largo alcance, la militarización del espacio y la conversión de la industria armamentística en un motor económico representan un riesgo para la estabilidad regional y constituyen una expresión de un "nuevo militarismo japonés".
El informe también incorpora nuevas prioridades en materia tecnológica, con especial énfasis en el desarrollo de inteligencia artificial, drones y sistemas no tripulados, tomando como referencia las lecciones obtenidas de la guerra en Ucrania. Asimismo, identifica amenazas provenientes de grupos de ciberespionaje vinculados a China y Rusia y anuncia la entrada en vigor de una nueva Ley de Defensa Cibernética Activa que permitirá proteger infraestructuras críticas frente a ataques informáticos.
Pese a las críticas de Pekín, el Gobierno japonés sostiene que su política continúa siendo exclusivamente defensiva y afirma que el fortalecimiento de sus capacidades militares responde al deterioro del entorno de seguridad en Asia-Pacífico, marcado por las tensiones en el estrecho de Taiwán, el programa nuclear de Corea del Norte y el creciente protagonismo militar de China.